Sinfonía 41

Mozart Sinfonía 41 Júpiter
Icono partitura Icono escucha Icono seleccion tematica Icono tecnica
SINOPSIS: 

En el tiempo de Mozart, la sinfonía era un molde casi invariable, modelo basado en las formas de sonata, utilizadas en todos los géneros musicales. Asegurada la estructura musical que posibilitaba una interpretación y escucha acorde con el pensamiento clásico y su concepto de belleza, los compositores como Haydn o Mozart aportaban su inspiración e imaginación melódica, su técnica para sostener la organización global de la obra, la sorpresa contenida para no apartarse en exceso del modelo, el carácter de la música, muchas veces asociada a tonos específicos y, en algunos casos, como en la Sinfonía 41, algunos rasgos innovadores que, sin rechazar el modelo, anunciaban nuevas formas de expresividad musical.

Los temas del primer movimiento son buena muestra de que a pesar de ser su última sinfonía, Mozart no rechaza el modelo: la estructura periódica y simétrica del primer tema, con una afirmación de la tonalidad, subrayada posteriormente por la idea de fanfarria tan característica de las sinfonías preclásicas, la disonancia cromática, utilizada como elemento ornamental en la melodía del segundo tema y soportada además con un acompañamiento tipo, la construcción del primer y tercer tema, derivada en parte de los acordes básicos de la tonalidad principal, o los silencios utilizados como puntos de separación de secciones distintas son ejemplos de un estilo evidentemente clásico.  Pero el genio de Mozart aporta sonoridades y construcciones dotadas de una gracia extraordinaria, como la conseguida de la unión de dos motivos que al mismo tiempo pueden imaginarse juntos y separados, como en el final del primer tema,  el pizzicato tan simple como oportuno con el que comienza el tercer tema y muy especialmente, los rasgos de este último tema. Mozart ya lo había utilizado en una arietta (Un bacio di mano) y en este nuevo contexto sinfónico adquiere una dimensión sorprendente, derivada en buena parte del contraste con las secciones de gran impulso e intensidad que lo anteceden, partiendo primero de la tónica menor y después, en la reexposición, de la subdominante menor. De este contraste y de la sección final de la obra, surgen arrastres mucho más intensos que los propios de un final clásico, aunque siempre estemos hablando de Mozart. En este sentido, tampoco es casual que después de este primer movimiento, el mayor interés de la obra se traslade al cuarto y último movimiento, donde Mozart consigue los momentos de mayor densidad e intensidad musical.

Partitura: 

Escucha: 

Técnica: 

Algunos aspectos de orquestación que pueden interesarte

Resulta obvio que un género como la sinfonía evoluciona, en buena parte, según el propio desarrollo técnico de los instrumentos y de su funcionalidad social, lo que de algún modo determina también su disposición espacial.
Es a partir de de 1700 cuando aparece por primera vez el término “orquesta” tal y como la entendemos hoy día, lo que se concreta en:
1) Un mayor número de miembros con un director responsable (uno de los instrumentistas hasta muy finales del clasicismo).
2) Disposición “coral”: violines (sopranos) - violas (contraltos) - cellos (tenores) - contrabajos (bajos).
3) Distribución clara en diferentes grupos de instrumentos con las cuerdas en el centro.
4) Diferenciación de competencias y funciones de los distintos instrumentos.
5) Nuevos instrumentos de viento que se unen a la orquesta, desarrollo especial de algunos, como la flauta travesera, y pérdida de protagonismo virtuoso de otros, como sucede con la trompeta que en el clasicismo asume una función de mero relleno y por ello, casi siempre está asociada a la aparición de timbales.

Todas estas características tipo son propias de la Sinfonía 41 de Mozart. Lo más significativo del avance en la orquestación deriva del empaste que se produce al duplicar a la octava o a la doble octava instrumentos de distintas familias en registros agudos y graves. Incluso podemos observar la “duplicación a tres octavas”, lo que se denominó “unísono de Viena”, y que consiste en que una voz central (generalmente cuerda) es octavada en octava inferior (normalmente fagotes) y a la octava superior (generalmente flautas) simultáneamente.

Otros ejemplos interesantes son los siguientes.

La técnica de la duplicación al unísono se amplía a la octava: los fagotes, que antes seguían estrictamente el bajo, ahora pueden colorear la melodía de los violines y al revés, los oboes y las flautas pueden duplicar instrumentos graves, como sucede a partir del compás 9 del primer movimiento. 

 Fragmento 0-compás 9

Algo parecido sucede en el ejemplo siguiente (compás 88 del primer movimiento), momento en el que flautas y oboes duplican el pedal de violas y contrabajos:


1Mozart-compas 89

En el siguiente ejemplo, a partir del compás 42 del primer movimiento y coincidiendo con el inicio del segundo tema, los fagotes duplican a los primeros violines a la doble octava:

Mozart-c42

En el caso del tercer tema del primer movimiento, los fagotes duplican a los primeros y segundos violines a la doble octava y a la octava respectivamente:

Mozart-duplic fagottes

Los cellos y contrabajos todavía caminan juntos. Los fagotes normalmente les duplican, aunque ya comienzan a tomar la iniciativa, como ya se ha podido ver en algunos ejemplos anteriores.