Calle Sandoval, 6. Pamplona/Iruña
31002 NAVARRA
T: 948 229 217
info@orquestadenavarra.es
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Al contrario de lo que le sucedió con otras sinfonías, la séptima trajo para Bruckner importantes éxitos desde su estreno. Sin embargo, el estilo de Bruckner no cambia sustancialmente en esta obra respecto a otras composiciones suyas. Su escritura se basa en la armonía cromática que desfigura la forma clásica; si se trabaja mucho el elemento armónico desde el comienzo y en espacios cortos, sucede que la armonía como elemento de contraste de primer orden a nivel estructural pierde valor. Por esta razón, Bruckner modela los movimientos fundamentalmente a partir de los elementos motívicos y rítmicos, lo cual implica una nueva forma de escuchar, menos sinóptica y más inmediata.
Ya desde el comienzo del primer movimiento, somos seducidos por una amplia melodía en forma de arco, que asciende de forma anhelante poco a poco hasta llevar a los chelos a un registro agudo muy extremo. Sin el lirismo y la belleza que contiene este tema, difícilmente pudiera sostenerse una sección tan larga para una concepción formal clásica.
Pero Bruckner no renuncia a la forma clásica (el subrayado especial de la tonalidad principal en las secciones principales verifica este rasgo), y así sus movimientos, sus sinfonías adquieren dimensiones enormes. Estas grandes dimensiones proceden de la adición de varios temas, de la dimensión de cada uno de ellos, del desarrollo que muestran ya desde su presentación, de los tempos lentos. Esta densidad es contrastada por momentos de clímax abrumadores y otros de gran lirismo provocados principalmente por la belleza de sus melodías.
Escucha el primer movimiento y hallarás en él todos estos rasgos de estilo de Bruckner.
Esta sinfonía requiere la siguiente disposición orquestal:
Maderas: 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes en La, 2 fagotes.
Metales: 4 trompas en Fa, 3 trompetas en Fa, 3 trombones, 4 tubas Wagner (2 tenores en Si b, 2 bajos en Fa; que serán utilizadas en el 2º y 4º mov., si no se dispone de ellas, se suelen utilizar bombardinos), tuba.
Percusión: timbales, platillos, triángulo. (el uso de la percusión, salvo en el 3er mov., es bastante limitado, dejándose a la decisión del director el uso o no de percusión en el 2º mov.)
Cuerdas: violines 1º y 2º, violas, violoncellos, contrabajos.
En los tiempos de Bruckner, la afinación orquestal era bastante diferente (respecto a la adopción de la comprometida impureza de la afinación del piano moderno). Se trataba de una afinación pura (en los intervalos de quinta y tercera), como estaba establecida en Berlín, debido a la influencia de Joseph Joachim y sus discípulos, al menos hasta 1940. Sólo la afinación pura, naturalmente armónica, podría dotar de todos sus colores armónicos a las obras brucknerianas, repletas de enarmonías y cromatismos.
Por ejemplo, los actuales instrumentos de viento-madera están construidos con la típica afinación del temperamento igual, mientras que antes de 1900 se les practicaban agujeros perforados en diferente entonación.
Por esta razón, orquestas contemporáneas como la Orchestra of the Age of Enlightenment o la Orchestre des Champs-Elyséés, que utilizan en sus interpretaciones esos instrumentos “a la antigua”, logran mejores resultados en Bruckner, ya que los intérpretes de cuerda automáticamente adaptan su forma de tocar a lo que escuchan en las maderas y metales.
El director debe saber al menos que la mayoría de las orquestas del continente europeo aceptaron la afinación francesa (a=435), incluyendo a la Filarmónica de Viena, que lo introdujo a finales de 1862.